Próximo a la luz lunar

Playa – Diego Hómez (Asunción Editora, 2015)

A simple vista parece un fanzine negro. El primer tacto al material, no obstante me lo revela ligeramente más duro que el de las hojas sobre las cuales suele imprimirse aquel tipo de publicaciones. No llega a ser un libro o al menos no completa la idea que se tiene de dicho instrumento. Es más bien una pieza folletinesca, a medio camino entre la libreta de notas y el pliego facsimilar.

En la portada se muestra la imagen de una planilla de control de entrada y salida con casi todos los campos sin rellenar (salvo los correspondientes a Nombres y Apellido). Hacia las primeras páginas se halla la foto carnet de un joven con barba y cejas picudas. La imagen se parece a la que nos han enseñado a construir sobre los terroristas: la foto exhibe un rastro que confirma su paso por quién sabe cuál instancia remota de la burocracia (las huellas de un sello y el cacho de una firma hacia un costado del retrato).

 

Playa - Portada

 

En una primera expedición veloz, observo un puñado de imágenes nocturnas: fechas borroneadas sobre los lomos de unas carpetas; observaciones escritas en un trozo de papel; la superficie de un tabique descascarado. ¿Qué es esto? ¿Una garita? ¿Un recorrido accidental? ¿Qué es esta oscuridad? ¿Estas fotos fueron tomadas con un celular? Hay un costado lúdico en este tipo de publicaciones, afín al acertijo y el rompecabezas, en el que una colección de fotografías echadas sobre los folios de manera especialísima (muchas veces sin más texto que el título) insinúa y propone historias, direcciones y trazados que uno en modo lector/detective se ve casi obligado a averiguar y traducir. Supongo que por eso me salto las imágenes siguientes y voy directo a la página donde figuran los créditos: “Diego Hómez (Venezuela, 1987) es fotógrafo y abogado. Vive en Buenos Aires desde 2012. PLAYA es su primer trabajo fotográfico (y de los otros) en Argentina”.

 

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Pienso en el nombre apuntado en la planilla de la portada al tiempo que recuerdo que «playa» es la palabra que han elegido por estos pagos para referirse a los estacionamientos: agradezco con una sonrisa estas primeras pistas y comienzo a entender la publicación como un diario de rutina laboral en el que Diego (en primerísima persona) recoge los recovecos de una playa definitivamente adversa a las que con toda seguridad pueblan su memoria.

Lo que más me acerca a un posible sentido de estas imágenes, sin embargo, es ese laconismo entre paréntesis −»(y de los otros)»−, donde concibo contraída toda la naturaleza de la publicación: dicha brevedad alude directamente a labores inherentes al tantas veces llamado sistema y (en este caso) a nuestro nuevo fenómeno migratorio.

Según cifras de la Dirección Nacional de Migraciones, Argentina figura hoy en América Latina, después de Colombia, como el país que recibe más inmigrantes venezolanos: en 2007, éramos 1.500; diez años después, sumamos más de 26 mil. Hoy promediamos de 7 a 10 personas por día iniciando sus trámites en las oficinas de Retiro.

 

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En este sentido, Playa puede leerse como un testimonio primario: no tanto por tratarse de un argumento temprano respecto de una oleada de venezolanos por el mundo, sino más bien por su costado básico, visible en todas las imágenes en las que no se duda de la fisicidad del mundo (los bordes de una caja registradora; la forma de las masas dulces que sirven en el desayuno).

Hace días alguien me dijo que la cosa ausente se torna más concreta cuando no la vemos.

Cierro el pequeño volumen y pienso en la levedad (la primera de las seis propuestas que Calvino introduce como marcas a tener en cuenta para armar un relato posible de estos tiempos). Se me viene a la mente la imagen que el autor italiano eligió para representarla: el salto ágil de un poeta que se alza sobre la pesadez del mundo, demostrando que su vitalidad contiene el secreto de la ligereza. Debo decir que el trabajo de Diego en estos folios completa estas consideraciones. Lo que brilla en sus fotografías (sobre todo por su ausencia) es justamente ese aligeramiento del lenguaje al que aspiraba Calvino: una suerte de poética de lo invisible que sustrae del lenguaje su peso y registra un tejido leve, próximo a la luz lunar, que se mece y flota sobre el mundo y sus cosas como la nieve que cae sin viento.

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